Moctezuma: Aztec Ruler, una exposición en el Museo Británico

Moctezuma: Aztec Ruler, una exposición en el Museo Británico

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Una introducción al último gobernante azteca, Moctezuma II. Promoción de una exposición en el Museo Británico, explorando la civilización azteca (mexica) a través del papel divino, militar y político del último gobernante electo, Moctezuma II (reinó entre 1502 y 1520 d.C.).


Moctezuma, el último gobernante azteca 'no fue un traidor', exposición del Museo Británico para reclamar

Moctezuma, el último gobernante del imperio azteca, no fue un traidor que se vendió a los conquistadores españoles, según afirmará una nueva exposición del Museo Británico a finales de este año.

Hasta la fecha, la historia lo ha catalogado como el hombre que cedió su imperio a los españoles en 1520 en gran parte sin luchar.

Sin embargo, evidencia nunca antes presentada en público en Gran Bretaña mostrará que fue humillado ante su pueblo al ser exhibido en cadenas, apoyando una teoría alternativa de que el poder le fue arrebatado de las manos.

Dos retratos de la década de 1560 mostrarán que fue atado con cadenas y cuerdas antes de ser exhibido en un balcón.

Colin McEwan, curador del Museo Británico, dijo que era probable que los vencedores españoles hubieran pintado la imagen convencional de Moctezuma como un agente voluntario del dominio colonial.

Pensó que la versión de los eventos indicada por los manuscritos de la década de 1560, que fueron producidos por escribas indígenas bajo el patrocinio español, estaba "probablemente más cerca de lo que realmente sucedió".

Argumentó: "¿Es probable que un temido gobernante militar simplemente cambie por completo su complexión y se someta débil y voluntariamente a ceder su imperio a los españoles? ¿Es eso plausible?"

Moctezuma llegó al poder en 1502, gobernando una de las civilizaciones más grandes y avanzadas de la época, que se extendía por gran parte de América Central desde el Caribe hasta el Pacífico.

Mientras el imperio azteca estaba en su apogeo, su política era frágil. Moctezuma consolidó el poder imponiendo fuertes impuestos a sus súbditos, en forma de materias primas u obras de arte preciosas. Se cree que uno de esos objetos es la máscara de turquesa, lámina de oro y nácar que se exhibirá en la exposición.

En consecuencia, a los españoles les resultó fácil encontrar enemigos poderosos del emperador entre sus filas, dijo Neil MacGregor, director del Museo Británico.

Dijo: "Lo que es tan interesante es que este es un imperio que está en la cima de su forma cuando cae. La forma en que fue construido lo hizo vulnerable porque facilitó a los españoles reclutar aliados descontentos".

Irónicamente, la imagen duradera de Moctezuma como un renegado significó que se ha vuelto más famoso en Europa que en México, señaló McEwan.

Moctezuma: Aztec Ruler, que se inaugura en septiembre, es la cuarta y última exposición de una serie del Museo Británico sobre grandes gobernantes históricos.

Comenzó hace dos años con The First Emperor, que trajo una pequeña selección del Ejército de Terracota de China a Londres. Ese golpe le valió al museo 850.000 visitantes durante siete meses.

El verano pasado, Adriano: Imperio y conflicto atrajo a 244.000 durante tres meses, mientras que 50.000 vieron el tercero, sobre el gobernante iraní Shah Abbas, desde que abrió en febrero.


Moctezuma

La exibición Moctezuma: gobernante azteca, en el Museo Británico hasta el 24 de enero de 2010, es sombrío e inquietante y ndash, la alegre mitad de la rima del título golpea una nota equivocada. (El catálogo dice no sólo que Moctezuma se escribe mejor como Moctezuma, sino que sus súbditos se llaman propiamente mexicas, no aztecas). Lo que se muestra es fascinante pero a menudo repugnante. Las tallas de calaveras, corazones, serpientes emplumadas y figuras individuales tienen un peso lúgubre, los ornamentos de oro con pico de pájaro son feroces, las figuras esculpidas en piedra verde dura, de hecho todas las figuras independientes, tienen una simetría frontal de tótem. Muchos amenazan al espectador con ojos fijos. Los objetos más ricos y coloridos, como la máscara turquesa del cartel, están finamente elaborados, pero el gruñido de grandes dientes blancos amenaza. En su propio tiempo, gran parte de lo que hay aquí era aterrador porque se suponía que debía serlo. El mensaje es que el futuro es incierto, que probablemente se avecinan malos tiempos, que la naturaleza es maliciosa y hay que propiciarla.

Una lista de tributos del Codex Mendoza

El catálogo no es fácil de leer: se debe extraer una imagen de la historia temprana y el colapso tardío de la sociedad mexicana a partir de contribuciones superpuestas que se basan en diferentes disciplinas, y una lengua inexperta tartamudea sobre los nombres de los dioses mexica: Coyolxauhqui, la diosa de la luna. , su hermano Huitzilopochtli, quien la derrotó y la desmembró, el dios sol Xiuhtecuhtli. Pero vale la pena el esfuerzo, especialmente porque la historia del imperio de Moctezuma & rsquos y la naturaleza de su caída trata ansiedades y problemas extrañamente cercanos a los nuestros.

Las escenas del infierno en las imágenes de Signorelli o Miguel Ángel, como los ghouls en una película de terror, ahora son menos un miedo real que una emoción segura. Compare los de una lectura de la piedra de coronación de Moctezuma & rsquos. Se trata de una losa rectangular de basalto, labrada en bajorrelieve en los seis lados. En la exposición, originalmente estaba de lado, probablemente estaba acostado en el suelo, por lo que el conejo con dientes de Bugs Bunny increíblemente grandes se habría escondido. Este glifo de fecha (1 Conejo) se relaciona con la creación de la tierra: es el & lsquocalendar name & rsquo de la diosa de la tierra Tlaltecuhtli. En cada esquina de la cara superior, un glifo representa una era pasada tres que terminó en desastres modernos completamente familiares y huracanes, inundaciones y lluvias de fuego (¿volcanes?). La cuarta, una plaga de jaguares, es más exótica, pero el glifo en el centro del rectángulo que representaba la era actual, aquella durante la cual Moctezuma tendría que mantener a raya las fuerzas de la naturaleza, predijo terremotos. Los desastres que los mexica conocieron o temieron son los que vemos en las noticias o nos han explicado sobre la música sonora de los documentales científicos. (Le damos la vuelta a la plaga de jaguares y tememos su desaparición más que su proliferación.) Alrededor de la piedra, llenando sus estrechos lados, hay cuatro imágenes de Tlaltecuhtli, su falda decorada con calaveras y tibias cruzadas: 'Su boca abierta y sus dientes desnudos recuerdan nosotros de los constantes sacrificios necesarios para alimentar la tierra y mantener la estabilidad de la era actual, y rsquo los informes del catálogo.

Entonces, como ahora, la sociedad era vulnerable tanto a las fuerzas de la naturaleza como a la inestabilidad inherente. La ciudad de Moctezuma & rsquos, Tenochtitlan, ocupó una isla en el lago poco profundo que una vez se extendió por la cuenca de México en el sitio de lo que hoy es la Ciudad de México. Cuando Cort & eacutes llegó en noviembre de 1519, la población de la isla puede haber llegado a 200.000. La ciudad era rica, abastecida con productos básicos de los territorios circundantes y lujos de provincias más distantes: pieles y plumas de aves, cacao, cochinilla, águilas vivas, sal, conchas marinas, pieles de jaguar y venado, bastones, guindillas, algodón, turquesas, papel, oro. y piedras verdes. El tributo fue impuesto por guerras libradas por una aristocracia guerrera que fue recompensada generosamente con regalos y cuyos cautivos suministraron los corazones y la sangre que los dioses ansiaban. No se ganaron todas las batallas, pero los guerreros esperaban sus regalos aun así, y una población en expansión necesitaba alimentarse. Las provincias tributarias y las alianzas del imperio mexica que abastecían las necesidades de la ciudad eran, como el hambre, una amenaza, y el hambre no era un desastre teórico. Una sequía prolongada comenzó en 1451 en 1454 no había nada para comer y los comerciantes viajaron desde la costa para comprar a los mexicas como esclavos por unas pocas mazorcas de maíz. Los caballos, las armas de acero y la viruela posibilitaron la conquista española, pero fue ayudada por súbditos descontentos.

El rey Nexahualcóyotl de Tetzcoco, vistiendo un labret dorado con cabeza de águila.

En la exposición se muestran tres tipos de material. Hay objetos relacionados con Moctezuma y su reino: tallas, armas, orfebrería, joyas, etc. Hay pinturas y grabados, realizados después de la derrota y muerte de Moctezuma & rsquos, que registran los hechos de la conquista española. Y hay manuscritos & lsquocodexes & rsquo hechos por eclesiásticos españoles o por descendientes de la clase dominante mexica en la última parte del siglo XVI. En los códices se registra lo conocido y recordado de la historia, costumbres y cultura del pueblo mexica. Se exhiben varios códices; es a partir de relatos del catálogo basados ​​en ellos que se tiene una idea de la vida de los mexicas. Los artistas-escribas que trabajaban en la tradición indígena produjeron hojas en las que se combinan pictografías y representaciones esquemáticas con transcripciones alfabéticas. Dos páginas del Codex Mendoza identifican cosas que se entregarán a la corte real mexica en un estilo muy parecido al que usa una enciclopedia pictórica moderna cuando alinea mazorcas de maíz en forma de diagrama, digamos, para comparar productos agrícolas.

Un fragmento de una escultura gigante de una serpiente de cascabel, las escamas y el cascabel maravillosamente bien observados y tallados con confianza (el tipo de cosas que los escultores del siglo XX miraban y admiraban cuando buscaban la autenticidad haciendo tallado directo), fue una vez parte de una decoración en el palacio de Moctezuma & rsquos. Es una prueba de su tamaño y esplendor. Hay mucha información disponible sobre lo que comían los mexicas y cómo se vestían. Ahora que las perforaciones en el cuerpo son algo común, es más fácil imaginar el efecto que podría haber tenido un labret con cabeza de águila dorada cuando se enchufó en el labio inferior de un guerrero (una de las humillaciones más desagradables que sufrieron los guerreros capturados fue dejarla goteando constantemente después de la muerte). la eliminación de sus labrets). La moda moderna también ha hecho que los grandes audífonos sean más fáciles de imaginar en uso de lo que alguna vez hubieran sido.

Los sentimientos que sustentaron la vida ritual de Moctezuma y su gente son más difíciles de imaginar. Conocemos sus manifestaciones externas con considerable detalle. Los dioses estaban sedientos de sangre, el gobernante la suministró en pequeñas cantidades en su investidura a partir de rasguños hechos con los huesos afilados de águilas y jaguares, los sacrificios humanos la suministraron en cantidad. El Templo Mayor, que aún se está excavando en el centro de la Ciudad de México, estaba coronado por los templos gemelos de Tlaloc, el dios de la lluvia, y Huitzilopochtli, el héroe ancestral mexica una representación de un escriba mexica en un manuscrito de finales del siglo XVI muestra sangre fluyendo bajando empinados escalones desde las puertas del templo. Le da a uno un escalofrío, al igual que el diagrama de cableado de una silla eléctrica.

La abundancia de material que se remonta a fuentes nativas muestra las imágenes estéticamente indistinguibles de la tradición occidental incluidas en la exposición: la larga pantalla de principios del siglo XVIII que describe escenas de la conquista de México con detalles abrumadores y confusos, por ejemplo, o el retrato de Moctezuma de finales del siglo XVII, encargado por Cosimo III de & rsquo Medici. Ahora tenemos más objetos reales y más relatos de primera mano para aprovechar. Pero cuando se trata de sangre de sacrificio, los españoles, que en el siglo XVII desarrollaron un estilo en la escultura pintada que ponía mucho énfasis en las heridas de Cristo y rsquos (es el tema de una exposición actual en la Galería Nacional), tenían mucho en común con el Mexica. También para ellos, la ansiedad por las intenciones divinas y la necesidad de pedir la intercesión divina eran hechos reales.


Moctezuma: el líder que perdió un imperio

Moctezuma era un comandante militar probado, pero en solo dos años su gobierno y la supremacía de su pueblo mexica colapsaron, conquistados por unos pocos cientos de aventureros españoles. Greg Neale investiga la historia de dos mundos en colisión.

Dos imágenes de un hombre singular confrontan a los visitantes de la nueva exposición del Museo Británico, Moctezuma: Aztec Ruler. Uno, un retrato idealizado pintado mucho después de la muerte de Moctezuma en 1519, refleja la fascinación europea por la aparente mezcla del Nuevo Mundo de sofisticación nativa y salvajismo, mostrándolo como el orgulloso gobernante de una civilización exótica. Otra pintura, mostrada hacia el final de la exposición, e igualmente idealizada, muestra a Moctezuma jurando lealtad al conquistador Hernán Cortés, en representación de la corona española.

“Esa es la agenda, ese es el giro”, dice el Dr. Colin McEwan, director de la sección de América del museo, quien ha curado la exposición con el apoyo de destacados académicos mexicanos. “La sugerencia es que este traspaso del poder se realizó de forma voluntaria, mientras que la verdad es que fue una conquista violenta”.

Ese tema de representaciones conflictivas del pasado recorre la exposición que el museo espera sea su éxito de taquilla de invierno. Es una historia de mundos en colisión, de la conquista española de México en 1519-21, pero también es, dice McEwan, un intento de ver una de las figuras más enigmáticas de la historia a través del contexto de sus propias tradiciones y cultura. También tiene relevancia contemporánea, ya que en los pueblos indígenas de América del Sur y Central y sus preocupaciones están cuestionando cada vez más las agendas políticas.

Moctezuma II gobernó sobre el imperio de los mexicas, como se llamaban a sí mismos - se pronuncia Mesheeka, mientras que el término aztecas fue introducido por escritores posteriores - desde 1502. Moctezuma, el noveno líder electo de los mexicas, consolidó un imperio que se extendía desde el Golfo. de México al Pacífico, y se centró en la fabulosa ciudad de Tenochtitlán, en medio de un vasto lago y que albergaba a unas 200.000 personas, probablemente más grande que cualquier capital de Europa occidental de la época. Comandante militar probado y administrador capaz, Moctezuma tenía un estatus semidivino para su pueblo, cuya vida religiosa giraba en torno a ceremonias regulares que buscaban asegurar la estabilidad en medio de un universo amenazador y que también incluían el sacrificio humano, característica que horrorizaba sobre todo a los europeos que llegaban. .

La cultura azteca era sofisticada: su idioma, el náhuatl, rico en matemáticas, avanzado. Su imperio fue ganado y controlado por un ejército ferozmente exitoso y un elaborado sistema de impuestos y tributos. Sin embargo, en solo dos años, el gobierno de Moctezuma y el de los mexicas se derrumbó ante una invasión liderada por unos pocos cientos de aventureros españoles. Como resultado de las enfermedades traídas por los europeos, en particular la viruela, las poblaciones nativas se derrumbaron, mientras que el dominio colonial español sometió a los indígenas mexicanos durante tres siglos.

Hoy, Moctezuma es una figura controvertida para los muchos historiadores y comentaristas que ven su respuesta a la invasión española como vacilante y débil en contraste con el desafío mostrado por algunos líderes aztecas. Otras interpretaciones lo ven como una figura predestinada, condenada junto con su cultura a la derrota frente a fuerzas históricas superiores. Eso podría convertirlo en una elección sorprendente como último tema de la serie de exposiciones del Museo Británico que exploran el poder y el imperio, siguiendo al emperador chino Qin Shihuangdi (cuyo complejo de tumbas contenía el extraordinario Ejército de Terracota), el emperador romano Adriano y el influyente Shah 'Abbas de Irán. - pero McEwan está totalmente en desacuerdo.

“La pregunta se ha planteado en más de una ocasión: ¿Moctezuma estaría por derecho propio en esta serie si no fuera por el significado histórico de Cortés? La respuesta es un rotundo 'sí', por varios motivos ”, insiste McEwan. “En primer lugar, Moctezuma heredó una tradición de gobierno imperial que estaba en proceso de inventarse y consolidarse. Moctezuma tenía una agenda imperial, de eso no hay duda ".

Los descubrimientos arqueológicos también nos han permitido ver a Moctezuma como un gobernante vigoroso, dice McEwan, embarcándose en un ambicioso programa de construcción, incluido un nuevo complejo palaciego que puede haber incluido hermosos jardines y un zoológico bien surtido, al tiempo que instituyó otras reformas que colocaron él directamente en la cúspide del imperio. En particular, Moctezuma, quien habría recibido una formación religiosa y militar, propia de un noble mexica, difundió su imagen a través de esculturas, tallas y otros artefactos, de una manera similar a un líder moderno que utiliza los medios de comunicación para presentar una imagen fuerte y convincente. imagen.

“Lo que hace Moctezuma en realidad es tomar la diadema real con incrustaciones de turquesa y la usa como su glifo de nombre. Esto es una desviación de la tradición y dice: 'No solo represento al estado, soy el estado. Soy todo lo que encarna la sucesión mexica '? " Comenta McEwan.

Esa sucesión era aún relativamente nueva cuando Moctezuma, bisnieto del gobernante Moctezuma Ilhuicamina (1440-69), fue elegido tlatoani por el consejo de ancianos mexica, junto con los jefes de dos ciudades aliadas, en sucesión de su tío, Ahuitzotl ( 1486-1502). Se dice que Ahuitzotl murió por los efectos de un golpe en la cabeza cuando un sistema de acueductos que había ordenado construir para llevar agua potable a Tenochtitlán se derrumbó e inundó partes de la ciudad. Más importante aún, había expandido significativamente el imperio, aumentando sus ingresos de los pueblos de la región que las armas mexica habían subyugado. Aún así, Moctezuma necesitaría usar su liderazgo político para asegurar que la consolidación del imperio continuara: la dominación mexica fue resentida por algunos de los pueblos sometidos, un resentimiento que Cortés explotaría más tarde.

Nuestro conocimiento de Moctezuma el hombre es limitado. Según McEwan y el académico mexicano Leonardo López Luján, una vez elegido, el tlatoani no solo era el líder político de los mexica, sino también una personificación de los dioses, cuya visibilidad pública se manejaba cuidadosamente. Las representaciones contemporáneas de él son en su mayoría tallas muy estilizadas o representaciones simbólicas, mientras que los dibujos o pinturas posteriores de Moctezuma a menudo se idealizan y ejecutan muchos años después de su muerte. Sin embargo, tenemos algunos relatos del hombre, aunque nuevamente, las fuentes escritas deben considerarse con cautela. Aun así, algunas fuentes pueden iluminar el carácter del gobernante mexica. Tras la conquista, muchos misioneros españoles llegaron a México. Algunos estaban genuinamente interesados ​​en las costumbres y creencias de los mexicas, y sus escritos reflejaban algo de la sociedad que ahora se estaba transformando. Cuando en 1581, fray Diego Durán escribió su Historia de las Indias de la Nueva España, registró que Moctezuma había sido descrito como “muy modesto y virtuoso y muy generoso y con un temple invencible y adornado con todas las virtudes que debe tener un buen príncipe. , cuyo consejo y opinión siempre fue muy acertada, sobre todo en materia de guerra, en la que le habían visto dar órdenes y realizar ciertos actos de invencible temple ”.

Sabemos algo de la vida de la corte mexica: Moctezuma bebía cacao servido en copas de oro, era un cazador entusiasta, jugaba el vigoroso juego de pelota tlachtli, observaba la etiqueta cortés en la dispensación de regalos y aparentemente se tomaba en serio los augurios y portentos, lo que refleja la cosmología mexicana dominante. .

El conquistador Bernal Díaz del Castillo sirvió a las órdenes de Cortés durante la campaña mexicana y, de anciano, escribió Una historia de la conquista de la Nueva España. Recordó que: “El gran Moctezuma tenía unos 40 años, era de buena estatura, bien proporcionado, esbelto y delgado, y no muy moreno, aunque de la habitual tez india. No llevaba el pelo largo sino sobre las orejas, y tenía una barba negra corta, bien formada y fina. Su rostro era bastante alargado y alegre, tenía hermosos ojos, y en su apariencia y modales podía expresar cordialidad o, cuando era necesario, una serenidad seria. Estaba muy limpio y ordenado, y se bañaba todas las tardes ".

Sin embargo, estas viñetas tienen un valor limitado (aunque podrían indicar la falta de familiaridad del conquistador con los baños regulares). Lo que centra la atención del historiador son las acciones de Moctezuma durante la crisis que pondrían patas arriba el mundo de los mexicas.

Los primeros informes que llegaron a Tenochtitlán de la llegada a la región de forasteros del oriente vinieron de la costa de Yucatán en 1517 y 1518, territorio de los mayas. Dos expediciones españolas de la nueva colonia de Cuba estaban explorando, en barcos más grandes que cualquier barco visto anteriormente. Sir John Elliott, el historiador, describe cómo la noticia de “torres o pequeñas montañas flotando sobre las olas del mar” hizo que Moctezuma ordenara vigilar la costa. En abril de 1519, cuando Cortés desembarcó, la aparente aprensión de Moctezuma aumentó, más aún cuando la fuerza española comenzó a abrirse paso hacia el interior, formando alianzas con algunos de los pueblos súbditos más resentidos de los mexicas y masacrando a algunos de los aliados de Tenochtitlán. La indecisión de Moctezuma (enviar obsequios diplomáticos a Cortés, enviar "magos" en un intento por detener su progreso o advertirlo de no viajar tierra adentro) sugiere que no estaba realmente seguro de la identidad, el propósito o la amenaza de Cortés.

Una vez más, no está claro por qué debería haber sido así. Los documentos posteriores a la conquista sugieren que Moctezuma había sido persuadido por varios signos o presagios de que su propia derrota y muerte eran inminentes. Cortés, en una carta posterior al rey español, Carlos V, sugirió que Moctezuma creía que él era el dios exiliado del viento y el cielo, Quetzalcoatl, venía a reclamar sus tierras, y esta tesis fue ampliamente discutida en los escritos mexicanos posteriores a la conquista. . Elliott señala, sin embargo, que Moctezuma simplemente podría haber estado jugando un juego de espera.

Como dice McEwan, Moctezuma “está condenado si lo hace, y condenado si no lo hace. Corrió un riesgo calculado ”. Si es así, fue una apuesta que falló. El 8 de noviembre de 1519, Cortés llegó a Tenochtitlán, al frente de una fuerza de unos 300 soldados españoles, junto con un mayor número de aliados tlaxcaltecas. Moctezuma le brindó a Cortés una espléndida bienvenida diplomática, instalando a su partido en cuartos cercanos a su propio palacio e intercambiando visitas, así como obsequios de oro y mujeres. En una semana, a medida que aumentaban las tensiones, Cortés ejecutó un audaz golpe de estado en el palacio, tomando a Moctezuma como rehén sin resistencia, mientras que exteriormente le permitía continuar gobernando. Cortés siguió obligando a Moctezuma y a sus principales nobles a reconocer el señorío español, y luego destruyó algunas de las estatuas religiosas sagradas de los mexicas. En conjunto, esto destruyó gran parte de la credibilidad de Moctezuma con su propia gente, una situación que empeoró cuando, con Cortés lejos de la capital, irónicamente, derrotando a otra fuerza española enviada para controlar sus aventuras, uno de los lugartenientes de Cortés, Pedro de Alvarado, dirigió una masacre de importantes nobles aztecas durante una ceremonia religiosa. Cortés regresó a la ciudad para encontrar su fortaleza sitiada, en medio de un levantamiento general mexica.

El destino de Moctezuma bien puede haberse sellado en este punto, pero los eventos que finalmente lo llevaron a la muerte aún se disputan. Parece que Cortés le ordenó subir a un tejado o balcón, para ordenar a los mexicas que abandonaran su asalto. En cambio, fue golpeado por piedras arrojadas por la multitud, habiendo perdido toda autoridad. Algunas fuentes coloniales dicen que rechazó el tratamiento de los españoles y murió a causa de sus heridas. Pero McEwan señala que una ilustración fragmentaria producida para una crónica colonial posterior, el Codex Montezuma, muestra a Moctezuma apareciendo en un balcón sujeto por una cuerda. "La inferencia es que debe haber sido para evitar que intentara escapar saltando entre la multitud", dice. Otra imagen más muestra un cuerpo desnudo debajo de un balcón, una espada sobresaliendo de su abdomen. “Eso podría estar sugiriendo que Moctezuma fue asesinado por los españoles, ya que ya no les sirvió de nada”, dice McEwan. Si bien los documentos sugieren que se recuperó el cuerpo de Moctezuma, no hay registro, sin embargo, de una ceremonia fúnebre lo suficientemente significativa como para sugerir que su reputación con los mexicas fue rehabilitada en la muerte, aunque recientemente el historiador Patrick Johansson, radicado en México, ha especulado que el gobernante caído pudo haberlo hecho. buscó su propia muerte, posiblemente como una forma de redención. “Hoy, al igual que en el siglo XVI, la responsabilidad por la muerte de Moctezuma sigue siendo un tema histórico delicado”, dice.

El imperio mexica no sobrevivió mucho tiempo a Moctezuma. Cortés se retiró de Tenochtitlán, pero volvió a sitiar la ciudad al año siguiente. El sucesor inmediato de Moctezuma, su hermano Cuitláhuac, gobernó solo unos meses antes de morir de viruela, el invasor que resultaría aún más fatal que la fuerza de las armas para la población nativa durante las siguientes décadas. El 31 de mayo de 1521, Cuauhtémoc, el último tlatoani, fue capturado cuando la resistencia mexica se derrumbó en medio de las ruinas que ahora se encuentran debajo de la actual Ciudad de México. Torturado para revelar el paradero del oro que Cortés y sus hombres ansiaban, Cuauhtémoc finalmente fue ahorcado, pero desde la revolución mexicana contra el dominio español en 1810, su reputación como héroe nacional ha crecido.

Por el contrario, la imagen de Moctezuma en el México contemporáneo es ambigua, admite Miguel Báez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia del país, quien ha estado trabajando en estrecha colaboración con el Museo Británico para preparar la exposición, muchos de los tesoros provienen de instituciones mexicanas. o sitios arqueológicos. “Fue un gran emperador que consolidó el imperio mexica, pero también es visto como el tipo que perdió contra los españoles, y no creo que a ninguna cultura le gusten los perdedores”, dice Báez.

Esa reputación puede estar cambiando, a medida que emerge una imagen más matizada de Moctezuma. Para Elisenda Vila Llonch de Barcelona, ​​comisaria asistente de la exposición, Moctezuma fue un líder innovador que proyectó su autoridad. “Están surgiendo nuevas narrativas en medio de nuevos descubrimientos arqueológicos y documentos para que los interpretemos”, dice. "El proceso de la historia es un interrogatorio, un diálogo con el pasado que siempre está sucediendo".

Greg Neale es el editor fundador y editor general de "BBC History Magazine"


Moctezuma en el Museo Británico, reseña

Como tema de una gran exposición, Moctezuma del Museo Británico no podría haber fallado. La confrontación de vida o muerte entre dos hombres, el líder azteca Moctezuma y el conquistador español Hernán Cortés, es, simplemente, la historia más convincente de todos los tiempos: una aventura emocionante, una lucha darwiniana y una tragedia humana en la que una civilización está destruido y otro nace.

No importa los irritantes cambios de nombre en las etiquetas - Mexica para azteca y Moctezuma para Montezuma - la narrativa del programa es fácil de seguir porque las complejidades habituales de la historia se reducen a los eventos de unos pocos meses y al duro conflicto entre las encarnaciones vivientes de la Viejo mundo y el nuevo.

Moctezuma es una de esas figuras históricas, otra es María Reina de Escocia, que nos fascina porque con cada decisión equivocada y cada instancia de confianza fuera de lugar provocaron su propia destrucción. Desde el momento en que unos cientos de españoles desembarcan en la costa de lo que hoy es México en abril de 1519, hasta su llegada a la capital Tenochtitlán en noviembre, una voz en tu cabeza comienza a decirle a Moctezuma que tenga cuidado: los invasores tienen armaduras, caballos y armas. , los mexicas hachas y cerbatanas. La tensión aumenta cuando el dios viviente invita a los intrusos a la ciudad, y luego se vuelve insoportable cuando inexplicablemente accede a acompañar a Cortez a su palacio.

Ahora prisionero, está indefenso cuando los españoles masacran sin sentido a la nobleza mexica. Cuando Moctezuma aparece en el techo de su palacio para calmar a la gente, es apedreado. Ya sea asesinado entonces o asesinado después por los españoles, desde un punto de vista político Moctezuma merecía lo que consiguió. Por mucho que podamos simpatizar con el hombre, era un líder débil que trajo la catástrofe a su pueblo.

Así que, por supuesto, vaya al BM a echar un hilo, pero no espere ver nada parecido al espectáculo de los aztecas de 2002 de gran éxito de taquilla de la Royal Academy. Esa fue una exhibición de arte, esta no lo es. Ese te abrumaba con estatuas de tamaño natural de deidades aterradoras y enormes braseros de arcilla cocida. Éste es en conjunto más moderado en su enfoque en un solo hombre, su ascendencia, coronación y gobierno militar y económico. Se exhiben tallas de piedra de escaso interés estético para ayudarnos a comprender el calendario, la religión y la agricultura mexica.

Ciertamente, hay algunos préstamos espléndidos del Instituto Nacional de Antropología de México, por ejemplo, un águila de piedra enorme, ahuecada en el centro para recibir ofrendas de sacrificio, o una figura independiente tallada en basalto que representa a un vasallo sosteniendo una mano sobre su corazón. en un gesto de reverencia. Los curadores dan vida a Moctezuma y su lujosa corte a través de los objetos y prendas que podría haber usado o llevado: adornos de nariz y orejeras de oro y jadeíta, un tapón labial de cristal de roca cubierto de oro en cada extremo, un abanico de plumas y un escudo ceremonial. , así como intrincados colgantes de oro y plata fundidos mediante el proceso de cera perdida.

La sofisticación del arte mexicano se expresa en ningún lugar más perfectamente que en la famosa máscara de mosaico turquesa del Museo Británico con las formas entrelazadas de dos serpientes verdes, posiblemente usadas por un sacerdote para hacerse pasar por el dios de la lluvia Tlaloc durante las ceremonias en el Gran Templo. Vemos a Moctezuma en su palacio, así como costumbres mexica y episodios de la conquista en códices raros: manuscritos ilustrados y escritos a mano basados ​​en testimonios orales.

Las galerías finales se dedican a pinturas que muestran la conquista pintadas por artistas europeos que trabajaron siglos después de los eventos representados en ellas. Una vez más, no se trata de grandes obras de arte, sino de documentos históricos.

Lo que falta en todo esto es el horror. Al minimizar la práctica mexica del sacrificio humano, que tuvo lugar en una escala sin precedentes en la historia, los curadores evitan el sensacionalismo, pero también dificultan la comprensión de lo que tanto horrorizó a los españoles sobre la cultura que encontraron en el Nuevo Mundo. Para los mexicas, los dioses de la tierra, el viento, la lluvia y el fuego exigían la propiciación con la sangre tanto de los guerreros capturados en la batalla como del propio pueblo de Moctezuma. Como cualquier colegial sabe, el pecho de la víctima fue desgarrado y su corazón arrancado de su cuerpo mientras aún estaba vivo. Moctezuma, o al menos sus sacerdotes, también se dedicaron al canibalismo y al sacrificio de niños.

Aunque el espectáculo es más teatral de lo habitual en el BM, este culto a la muerte omnipresente no merece una atención especial. Y así se nos dice casi de pasada que las manchas de pintura roja en los cráneos que sobresalen de dos copas de cerámica representan la grasa manchada de sangre que se encuentra dentro de la piel desollada de las víctimas de los sacrificios. Varias calaveras de piedra muy erosionadas que alguna vez decoraron la pared de la base del templo no son particularmente aterradoras, hasta que las imaginas junto a una fila tras otra de cráneos reales exhibidos, como en todas las películas de Indiana Jones, para asustar a cualquiera que se acerque. A wooden drum in the shape of a bound captive awaiting his fate reminds us that the mass sacrifices must have been spectacles as expertly choreographed as the Nuremberg rallies.

What the show doesn’t mention is that (as far as I know) Mexica art is unique in having no representations of human love or kindness, either between mothers and children or men and women.

Here, I must admit that Mesoamerican art of any kind is pretty low on my pleasure-meter. The most innocuous-looking objects reek of death. A long-handled censer of painted clay in the form of the fanged rain god Tlaloc, for example, becomes sinister when you consider that incense must also have been used to make bearable the smell of the temple, which was, after all, a giant abattoir. A powerful clay head of a man wearing a lip plug becomes repugnant when you realise that it obliged the wearer to grimace ferociously in order to hold it in place, and that if removed, he would salivate constantly though the hole in his mouth. Even a disc of polished obsidian you at first mistake for a mirror was used not to reflect a woman’s beauty but for a magician to divine the future in fleeting images glimpsed on its dark surface.

A final section deals with Moctezuma’s posthumous reputation as a noble savage in Europe and the betrayer of his people in Mexico. Great stories bear constant retelling, and in this show it is the clarity of the narrative rather than individual objects that grab visitors by the lapels and keeps us interested from first to last.


Moctezuma: Aztec Ruler

Between September 󈧍 and January 󈧎, the British Museum hosted an exhibition on Moctezuma II with the participation of the Mexican Consejo Nacional para la Cultura y las Artes and the Instituto Nacional de Arqueología e Historia.
It was indeed a very interesting and well put-together exhibition, housed in the Reading Room at the heart of the Museum. I was a bit surprised that thy used this space fir the exhibition, and I have to say that it did work vey well. The contrast betweent the architecture and he pieces in the exhibition brought an extra dimension to the exhibits.

There were six different parts to the exhibition, starting with a brief introduction to the ‘Mexicas’ as the Aztecs are commonly referred to in Mexico, and which gives the country it’s modern name. The main Mexica city of Tenochtitlan was founded in 1325 in the basin of the Texcoco Lake, in central Mexico. We are told how the Mexicas were organised and ruled, which gives the opportunity of talking about Moctezuma as head of the governments if the Aztec Empire. He was elected in 1502 and as any other ruler o this magnificent civilisation, he was considered a semi-divinity and acquired a number of religious responsibilities. A very importan one was the New Fire ceremony carried out in 1507, marking the end o one if the 52-year cycles of the Aztec Calendar. The third part adressed these religious tasks and the role that the Gods played in the day to day running of the Empire.
Moctezuma presided over a large Empire embracing much of the territory that is today central Mexico and as such he earned a reputation as a battle-hardened warrior and militay ruler, as shown in the fouh part of the exhibition. However, by 1519 Cortés was set to ensure the riches of the newly ‘discovered’ lands for Spain and the ‘Encuentro de Dos Culturas’ is bound to happen. The Conquest is the theme of this part of the exhibition, where we are told how Moctezuma was taken by surprise by the arrival of the Spanish and how he decided to send welcoming gifts and ended up housing them in the Palace. Moctezuma was taken hostage and kept under guard for several months, provoking great unrest among his people.
He died in suspicious circumstances in 1520, and most of the surviving information on the matter offer the version of the Spanish new rulers. Tenochtitlan, and thus the Aztec Empire, finally fell in 1521 and the colonisation started. On the 13 of August of 1521, the Spanish declared the new added territories as ‘New Spain’, followed by almost 300 years of colonisation. In the last part, we are shown the place that Moctezuma has in history and how his legacy and fame spread from Mexico to Europe.
The exhibition included a variety of of stone carvings and sculptures depicting Gods, religiosity, everyday object and artifacts. Some of them including Moctezumas glyph (see picture), composed by a Royal diadem (xiuhuitzolli) on straight hair, an ear-spool, a nose-piece and a speech scroll. My favourite two pieces are 1) a stone box that was carved with Mocrezuma’s glyph and which he would have used to keep some of his personal belingings, and 2) a monument with the shape of a throne, placed in the centre of the exhibition, which was dedicated to ‘la Guerra Florida’ (Sacred Warfare) dating back to 1507, and that is normally hosted in the Museo Nacional de Antropología in Mexico City.


Aztec ruler Moctezuma unmasked

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TRUSTEES OF THE BRITISH MUSEUM / AFP / GETTY IMAGES

Aztec ruler Moctezuma unmasked

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Aztec ruler Moctezuma unmasked

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Much is known about the rule of Moctezuma II, the great 16th-century supreme military commander and "divine leader" who inspired worldwide awe with his battle-hardiness and wondrous ability to mediate with the Gods.

Historians have marvelled at his creative achievements over the largest empire in Meso-America, feared for its military might and bloodthirsty human sacrifices. The tale of his downfall, on the other hand, is a cautionary example of the dangers of trust: the Aztec ruler met his end at the hands of the Spanish conquistadors who arrived on his shores and apparently beguiled him into a friendship that ended in incarceration and death.

Yet after centuries of study and archeological discovery, Moctezuma, the man, remains virtually unreachable to historians.

Almost nothing has been gleaned about the personality of the last great elected Aztec ruler, who leaves the loyalties of Mexicans utterly divided to this day because he is believed to have colluded with the incoming Spanish colonial power against his own people. Now, though, a new blockbuster exhibition at the British Museum will attempt to solve some of the mysteries surrounding a myth that has long been impenetrable.

"Moctezuma: Aztec Ruler" is the fourth and last in the British Museum's series of big shows about emperors. It will present a revisionist view of the leader that looks set to reveal the monarch in more intimate detail than has ever been possible before. That progress is the result of new evidence emanating from an archeological study currently being undertaken in Moctezuma's palace, in what is now Mexico City.

The show's curator, Colin McEwan, admitted that personal details about Moctezuma are so scarce that one academic thought the exhibition, which opens on 24 September, would be impossible.

Even first-hand descriptions of his life are full of contradictions, which means that the style in which he ruled, to say nothing of the character of the man, remain elusive.

But there are some details that can be pinned down. We know that Moctezuma II, or Montezuma as he is sometimes called, was the last elected Aztec emperor and ruled over an empire that stretched from the shores of the Pacific to the Gulf of Mexico. As a battle-hardened general, he was appointed supreme military commander before being elected as "ruling lord" in 1502, when he built a new palace in his capital Tenochtitlan (modern day Mexico City).

While we will never have the benefit of a full character study, we can surely glean something of the emperor's personality from his name, which means "he who frowns like a lord".

By all accounts, this was a lord with good reason to frown: Moctezuma wrestled with a great number of woes during his reign. Although he was seen as a cunning and fearsome legislator, heavy centralised taxation provoked resentment in outlying areas. And that headache paled in comparison with the problem of how to deal with the arrival of the Spanish conquistador Herná*Cortés, who landed at Veracruz with just a few hundred men in 1519.

When Cortés attempted to march on to Tenochtitlán, he was well received by Moctezuma, but that kindness was not returned, and eventually the emperor was taken prisoner. Although he was eventually restored to the throne, he was never again more than a vassal of Spain: the long-accepted version of events is that dissident groups among his people rebelled and stoned him to death. But the truth, the British Museum suggests, is rather different. In fact, the new exhibition claims, he was ruthlessly murdered by the Spanish when he was no longer of use.

Curators point to the evidence gathered in the new show, which will display together for the first time two 16th-century manuscripts brought in from Mexico and Glasgow University. The documents feature small figures among a wealth of detailed illustrations of the first encounters between Aztecs and Spaniards which have have only recently caught scholars' attention. In the images, both manuscripts show Moctezuma shackled or with a rope around his neck.

Descriptions of the emperor's death have documented the grief felt among the colonial force. The account of Bernal Díaz del Castillo's "True History of the Conquest of New Spain" portrays a noble leader who won the hearts of his captors.

He wrote: "Cortes and all of us captains and soldiers wept for him, and there was no one among us that knew him and had dealings with him who did not mourn him as if he were our father, which was not surprising, since he was so good.

"It was stated that he had reigned for 17 years, and was the best king they ever had in Mexico, and that he had personally triumphed in three wars against countries he had subjugated. I have spoken of the sorrow we all felt when we saw that Montezuma was dead."

Díaz del Castillo went on to provide a detailed description of a debonair leader who cared about his personal appearance, kept "many mistresses", and had a grand total of 19 children – 11 sons and 8 daughters.

"The Great Montezuma," he wrote, "was about 40 years old, of good height, well proportioned, spare and slight, and not very dark, though of the usual Indian complexion. He did not wear his hair long but just over his ears, and he had a short black beard, well-shaped and thin.

"His face was rather long and cheerful, he had fine eyes, and in his appearance and manner could express geniality or, when necessary, a serious composure. He was neat and clean, and took a bath every afternoon.

"He had many women as his mistresses, the daughters of chieftains, but two legitimate wives. The clothes he wore one day he did not wear again until three or four days later. He had a guard of two hundred chieftains lodged in rooms beside his own, only some of whom were permitted to speak to him."

But not every observer agreed with that essentially benign image. Bernardino de Sahagún, a Franciscan missionary to the Aztec people, for instance, portrayed Moctezuma as a weak-willed, superstitious and indulgent ruler.

Some historians, including James Lockhart, explain that disparity by suggesting that when the Aztecs were searching for a scapegoat for their defeat, Moctezuma was unfortunate enough to fit that role. Claims that he was killed by his people could be seen to confound that myth.

Whatever the truth about Moctezuma's demise, one thing is certain: the arrival of the Spanish represented the collapse of the naive world order and the imposition of a new civilisation that ultimately gave birth to modern Mexico.

Unveiling details of the exhibition, British Museum director Neil MacGregor said the story of Moctezuma presented "perhaps one of the most fascinating examples of implosion of power and the clash of civilisations".

Moctezuma's reputation is still contentious in Mexico, according to MacGregor. "There has never been an exhibition on this man, a great emperor of an extremely sophisticated empire," he said.

The exhibition will bring together spectacular loans from Europe and Mexico, including 132 objects, some of which were recently excavated from remains of the Aztec city. Next year it will coincide with the anniversaries of the independence of Mexico in 1810 and of the Mexican revolution of 1910.

If the picture of Moctezuma is still a little hazy, there remains hope of a resolution. Objects are still emerging from beneath Mexico's modern capital as part of the excavation. With luck, those objects will have their own stories to tell. If so, it may well be that the mysteries lying under centuries-old dust and rubble explaining the character of the great Aztec king, who had the privilege and misfortune to rule at the cusp of a new era, may yet be fully revealed.

The exhibition runs from 24 September to 24 January 2010. For tickets call 020 7323 8181 or book through the British Museum website


Treasures from the new world

History is a kind of official memory, and it is arbitrary what a culture decides to honour and privilege. A Euro-centred version of art history puts an idea we like to call &ldquothe Renaissance&rdquo beginning somewhere around 1456 with the printing of the three-volume bible by Johannes Gutenberg of Mainz and sees it ending with the death in old age of Leonardo da Vinci in 1519 and the early death of Raphael of Urbino in 1520.

In the nature of things, of course, some art historians would have it begin earlier and end later. One is reminded of Woody Allen in an early film, dressed up as a mediaeval man, exhorting his friends &ldquoto hurry up or before you know it the Renaissance will be here and we&rsquoll all be painting&rdquo.

But this is not the art that Hernan Cortes, a young, opportunistic government employee from Salamanca in Spain, found awaiting him in Anahuac, &ldquothe land between the waters&rdquo when he landed on the Yucatan peninsula via Haiti from Old Spain in 1519.

Proceeding westwards towards the heart of the empire, accompanied by a large army of God-fearing Catholic soldiers, the conquerors or conquistadores, abhorred the pagan rituals of the people they encountered, were disgusted by the crude architecture and art forms of the people whilst being all too delighted by their gold.

Leaving behind the grand palaces, churches and art of the Old World, with all the immense subtlety and sophistication of the European Renaissance, they crossed a peninsula where what they observed was &ldquobarbarous&rdquo and &ldquocrude&rdquo to their eyes. As for their minds, one can only assume that the indubitable cruelty and ruthlessness towards the indigenous peoples was un-informed by irony.


Gold finger ring, 1200 - 1521, gold pendant of human
face and warrior-ruler figurine with ritual regalia.
Copyright the Trustees of the British Museum

Observance of ritual involving human sacrifice was contemptible to the Spanish and unworthy of their greater European sensibility. This accepted that an Inquisition under Pope Sixtus IV in 1478 was warranted, but was disgusted by the equally-bloody practices of the Mexica and the Olmecs, Toltecs, Aztecs and Mayans. That human sacrifice was seen by the Mexica as a way to restore cosmic order was ignored and obviously misunderstood by a people who were steeped in the same story under another name.

One of the reasons &ndash incomprehensible and tragic as it now seems &ndash that the Aztec leader Moctezuma virtually embraced Cortes with open arms is that he seemed to embody a long awaited Messiah, known as the Plumed Serpent or Quetzalcoatl. Tenochtitlan, the capital, had been founded in the numinous place where a serpent had been seen perched upon a cactus &ndash still the national image of Mexico.

When Cortes entered the city from the coastlands of Veracruz, the indigenous people and their leader Moctezuma had been awaiting the arrival of the plumed serpent or his avatar for centuries. Quetzalcoatl was revered above all other gods in a richly pantheistic culture. He was the spirit god, the morning star. He was Venus. He was a quetzal bird. He was a luminous intellect. He could assume the guise of a bearded, pale-skinned man.


Mosaic mask of Tezcatlipoca. Aztec/Mixtec,
15th-16th century AD. From Mexico
Copyright the Trustees of the British Museum

Tragically, it seems that the arrival of Cortes and his men was a tragic case of misperception and &ldquoCem Anahuac Yoyotli&rdquo, (the Heart of the One World) was in crisis. A comet with three heads was hanging over the land. The temple of the Aztec war god Huitzilipochtli had recently burned to the ground in Tenochtitlan. Most importantly, the defining legend decreed that in the solar year of Ce Acatl, the solar calendar heralded the return of the lost god-king from the East. The heart was cracking in two and could only be saved by a messianic lost saviour, who like Christ, would rescue broken souls.

Moctecozoma Xocoyotzin, the 9th Huey Tlatoani (he who speaks with authority) known to us until recently as Montezuma, or as the British Museum have called him Moctezuma II, embraced Cortes as this presence and thus a great culture came to its end in flames and rivers of blood.

The focus of this show uses this moment as a way of bringing the great work of Tenochtitlan, lodged mainly in what is, to my mind, one of the greatest museums in the world &ndash the National Museum of Anthropology in Mexico City &ndash to the British Museum. For this we must be eternally grateful.

In its long series about charismatic and powerful leaders, we have thrilled to The First Emperor, Hadrian, Nebuchadnezzar, Shah Abbas and now the last elected ruler of the Aztecs. This exhibition has brought over treasures from the New World, and displayed in the beating heart of European culture in the Old World they hold their own superbly.

Moctezuma: Aztec Ruler, British Museum to 24 January 2010

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Moctezuma at the British Museum

As a new blockbuster exhibition at the British Museum sets out to reveal the truth about the Aztecs and their last emperor Moctezuma, Mark Hudson explores one of the most sophisticated - and bloodthirsty- civilizations the world has ever seen.

I'm looking down into a hole, a sharp-edged rectangle of dark earth, of no more inherent interest than the average drains excavation outside your house. Yet it marks the entrance to one of the most dramatic archaeological finds ever made in Mexico.

Beneath a colossal stone slab, shattered into four pieces, bearing the image of the earth goddess Tlaltecuhtli, the biggest mass of Aztec burial offerings yet found has been unearthed - heaps of wolf and puma bones, shells, coral, sculptures and masks, and the entire skeleton of a dog, the animal who in Aztec mythology guides the soul to the underworld.

What lies beyond is in all probability the first Aztec royal tomb ever discovered. And some of the most important results of this find - a set of 14 gold funerary objects - will be seen in public for the first time not here in Mexico, but in London, at the British Museum's autumn blockbuster, Moctezuma - Aztec Ruler, the background to which has brought me to this extraordinary country.

As your plane tilts down through the smog that wreaths Mexico City, giving you a view over the immense sprawl of the third largest city in the world, the last thing on your mind is the fact that much of this area was once a lake. Indeed, as you stand in the Zocalo, Mexico City's central square, amid the bawling touts and encampments of political protesters, the traffic thundering beneath the façade of the cathedral, you'd be forgiven for assuming that the centre of the Aztec world lay far away - out in the countryside, at great sites such as the pyramids of Teotihuacan or half-submerged in jungle. In fact, you're standing on top of it. Tenochtitlán, lake city of the Aztecs, was right here - a thriving metropolis of some 250,000 to 300,000 souls, twice the size of any European city of the time.

That the Zocalo was paved and the cathedral and surrounding buildings built from the rubble of the demolished Aztec capital has always been known. The Spanish conquistadors sought to obliterate the spiritual symbols of the Aztecs with their own monuments. It was only in 1978, when a group of electricity workers happened upon a massive stone roundel beside the cathedral showing the moon goddess, Coyolxauhqui, that the precise location of the Templo Mayor - the city's great central pyramid - was discovered.

It is now possible to walk though the layers of dark volcanic stone that form the foundations of this vast structure, built in seven stages - each new superstructure consecrated through human sacrifice - on the summit of which stood the twin temples of the rain god, Tlaloc, and the sun god, Huitzilopochtli, patron deity of the Aztecs.

In the adjacent palace resided the divine emperor who, on his election from among the greatest warriors, was ritually transformed from a man into a god his blood, elicited through self-inflicted wounds to the limbs, face and genitals, the most potent of all sacrificial substances.

That Moctezuma, the last Aztec emperor, was a formidable ruler by any standards is demonstrated in the British Museum exhibition through a range of extraordinary objects: monumental stones bearing the emperor's symbol, turquoise and gold exacted as tribute and ceremonial weaponry used by the Eagles and the Jaguars, elite warrior orders over which he presided.

Moctezuma restructured the Aztec court and rebuilt the royal palace, while ruthlessly continuing the Aztecs' subjugation of neighbouring peoples. Idealised European portraits, also shown in the exhibition, perpetuate the image of Moctezuma as an exotic, even erotic figure - all bronzed limbs and feather headdresses. Yet while he is the most famous Aztec in the world at large, Moctezuma remains an ambivalent figure in Mexico. For reasons that remain unclear, he allowed the Spanish to enter his capital, precipitating the collapse of the Aztec empire and his own death.

Climbing the Pyramid of the Sun at Teotihuacan at dawn is an awe-inspiring experience: the rays of the sun glancing around the vast pile of earth and stone the nearby Pyramid of the Moon wreathed in mist. While we tend to lump together every manifestation of pre-Columbian Mexican culture under the term "Aztec", these structures - lying in the countryside outside Mexico City - are evidence of a civilisation that predated the Aztecs by nearly a millennium. A nomadic people from the north, the Aztecs - properly the Mexica - migrated into central Mexico from the 6th century, becoming a significant power only in the 13th. Yet they venerated the ruins of Teotihuacan, the so-called City of the Gods, and drew on its culture, just as they did on many other previous civilisations, to lend credibility to their own.

Of all the cultural ideas that were common to the peoples of ancient Mexico, human sacrifice is the most difficult for the modern mind to contend with. Since the gods had sacrificed themselves for the world - the earth, sun, rain and crops created from their dismembered limbs and blood - so man must repay the debt, atoning for his own sins through sacrifice.

At the end of each 52-year cycle in the pre-Columbian calendar, every light and fire was put out, according to age-old practice, and a captive warrior's heart torn out. If the sun rose the following morning, the sacrifice was believed to have been accepted and a fire, lit in the victim's body, was used to relight every fire in the empire.

Under the Aztecs, these ancient principles were pushed to an orgiastic extreme in the belief that only daily sacrifice could maintain the order of the universe. Children, offered up by their parents, were dispatched to the rain god, Tlaloc. A young male volunteer, believed a reincarnation of the god, was butchered for Tezcatlipoca, Lord of Night, while the sun god, Huitzilopochtli, was placated through the sacrifice of captive warriors on the top of the great pyramid, their still palpitating hearts held up to the sun by the sacrificing priest, their heads placed on a special rack, their dismembered bodies employed in ritual cannibalism. It has been suggested that as many as 20,000 may have died in four days during the rededication of the pyramid in 1487.

Appalling though this all sounds, those dying in such a way were believed to pass directly to the second highest level of the after life - "close to the sun". Every Aztec warrior was mentally prepared to meet such an end and the last words a victim might hear as he lay on the sacrificial stone were those of the emperor: "Today you, tomorrow me." That this brutal, yet extraordinarily rich culture could have been brought to its knees by a few hundred Europeans in the space of only a few months still gives pause for thought. Yet while Hernán Cortés and his Spanish conquistadors had the advantage of horses - though only 15 - and firearms when they arrived on the east coast of Mexico in 1519, the key to their success was the alliances they formed with other indigenous groups hostile to the Aztecs.

Romantic histories down the centuries have told how Moctezuma welcomed Cortés because he believed him to be the incarnation of the god Quetzalcoatl, predicted to appear in a year of the Aztec calendar corresponding to 1519. But evidence for this is slender. Moctezuma, then an old man by Aztec standards at 54, allowed the Spaniards to cross the lake into Tenochtitlán because he felt he had no alternative. Other indigenous forces had failed to defeat the invaders and their allies in open battle, and he hoped to contain the Spanish in the city and destroy them there.

The confusing and contradictory events that followed are examined in the exhibition through a range of Aztec and European imagery - including a series of extraordinary oil paintings inlaid with mother of pearl - which places wildly different interpretations on events. What is clear is that at some point Moctezuma was taken hostage by the Spaniards against their safety, and though he attempted to save face with his people, the divine emperor allowed a shrine to the Virgin to be erected on top of the great pyramid.

Cortés wasn't quite the hoodlum he is often made out to be, but having undertaken this unauthorised expedition with the aim of making himself and the Spanish crown rich, he now had no obligation but to destroy or be destroyed. While he was away from Tenochtitlán, dealing with another Spanish force sent to apprehend him, a massacre of 600 Aztec nobles took place below the great pyramid in circumstances that remain unclear. Finding his forces under attack, Cortés persuaded Moctezuma to appear on the balcony of his palace to appeal for calm. Met with a hail of stones and arrows, the emperor collapsed and was taken into the palace. While Spanish sources claim he died from a blow to the head from a rock, indigenous chronicles claim he was strangled by the Spaniards since he was of no further use to them.

Attempting to evacuate the city by night, the Spaniards were set on by a much larger force and would have been completely annihilated, except that the Aztecs, concentrating on plunder and captive-taking according to their traditions, allowed the head of the column, including Cortés himself, to escape. The Spaniard returned with a larger force, laying a siege that involved the systematic demolition of much of Tenochtitlán and the near extermination of its population through starvation, imported smallpox and massacre.

It's convenient to see the Aztecs as a vanished civilisation, whose cultural and spiritual values were obliterated by the Europeans. Yet the resonances of the Aztec period are felt everywhere in modern Mexico, not just in cultural survivals such as the Day of the Dead - All Souls' Day festivities based on the Aztec festival of Mictecacihuatl - but in the way successive regimes have used indigenous culture to define Mexican identity.

During the 1810 revolution that secured independence from Spain, Moctezuma's nephew, Cautehmoc, who led the last resistance against the invaders, was rediscovered as a national hero. Yet while statues to him and his father, Quitlahuac, loom over Mexico City's busiest traffic intersections, there is no monument to Moctezuma, a figure still regarded with some embarrassment.

Was he a coward in thrall to superstition, who nonetheless failed to sacrifice himself for his people in accordance with the Aztec warrior code? Or was he a tragic hero, who tried to employ a more modern, political solution, only to be overwhelmed by forces beyond his comprehension? In a country where matters of indigenous rights make front page news every day, where 90 per cent of the population claim some indigenous blood - where the vital issue is not so much who were the Aztecs, as who are the Mexicans - such questions still feel relevant even today.


A brief history of the Aztec empire

T he people widely known as the Aztecs called themselves Mexica, after their patron deity Mexi, who according to their legends brought them out of captivity into the region of Lake Tezcoco, at the heart of what is now modern Mexico, in the middle ages. In 1325AD they founded the city of Tenochtitlan on an island off the western shore of the lake. The city grew large and prosperous, and a war of independence from local overlords in 1428-30 led to it dominating the region. By the end of the 15th century the Mexica ruler, the "tlatoani", ruled over a powerful and growing empire. The tribute of neighbouring states helped make its capital splendid. In the lake city, radiating "suburbs" of the common people's houses surrounded the ruler's palace. Above that loomed a pyramid-like temple on whose high platform thousands of people died in mass sacrifices.

The deities who demanded such slaughter included Quetzalcoatl, the "feathered serpent", god of procreation, desire and the winds Tezcatlipoca or "smoking mirror", the patron of rulers, warriors and magicians and Tlaloc, god of rain. A complicated calendar and an elaborate festive cycle unified all the different gods and myths in one baroque system of intense beliefs. The sun, the calendar, and the gods are given visceral, yet sometimes unexpectedly delicate and moving form by the great works of Mexica art, which owes a lot to the art of the neighbouring Mixtec people. Mixtec craftsmen were employed by the Mexica for their superb skills. The results earned the admiration of the Renaissance artist Albrecht Dürer.

In 1492, a Genoese sailor named Colón sailed west from Spain in search of the Indies. It was the ironic fate of this newest in a long line of native American city cultures to coincide with the coming of the Europeans – yet Mexica culture did not vanish with the fall of Tenochtitlan in 1521. Native artists continued to make painted books telling their history in the "glyphs" of their own pictorial script. Tenochtitlan itself rose again – as Ciudad de México. The Spanish built their colonial capital on top of the ruins of the fallen Mexica capital. Today, archaeologists are constantly finding spectacular art and artefacts under the streets of Mexico City. Mexico's famous Dia de los Muertos festival, with its grisly yet comic cavortings of the dead, recalls the skull motifs and the sacrifices of the lost world of Moctezuma. Mexico's pride in its past is reflected too in the desire to reclaim the "Aztecs" – as the Mexica.


New exhibition challenges view of Aztec emperor Moctezuma as traitor

Contrary to popular belief, the Aztec emperor Moctezuma was murdered by his Spanish captors and not by his own people, the British Museum will argue in a new exhibition that will try to rehabilitate the emperor's image as a traitor.

The exhibition will bring together spectacular loans from Europe, where the Spanish conquistadors brought many of the Aztecs' greatest treasures, and from Mexico, where recently excavated relics from the lost civilisation continue to be found under its modern capital, Mexico City.

Scientific tests on objects including a spectacular turquoise mask, from the British Museum's own collection, show that in a single piece, the gold, precious stone and feather decorations were drawn from many different places.

"What we are trying to do is look at an absolutely key moment in the history of the world through the filter of one man," museum director Neil MacGregor said.

"There has never been an exhibition on this man, a great emperor of an extremely sophisticated empire in ways which seemed very strange to European eyes."

The traditional account of the death of Moctezuma – the museum has adopted the spelling as closer to his name in his own Nahuatl language than the more common Montezuma – is that having been taken a willing hostage by Hernán Cortés and the conquistadors, he was killed by his own outraged people.

According to several versions of the story, in 1520, the Spanish brought him out onto a balcony of his own palace to try and calm the riotous mob, but he was pelted with stones and killed.

One Spanish account, written years later, even insists that he refused medical help and food from his Spanish captors, who "spoke very kindly to him", before suddenly dying.

However, the exhibition will include two small images from later manuscripts, one now in Glasgow, one in Mexico, both probably made by Aztecs working for Spanish patrons, which show the leader distinctly less kindly treated, brought out with a rope around his neck, or shackled. Once the Aztecs began to revolt against the presence of the Spanish in their capital city, Tenochtitlan, this version suggests, Moctezuma was useless to them, so they killed him before just managing to escape with their lives.

"Moctezuma is the last in our series on great rulers and their legacies and presents perhaps one of the most fascinating examples of implosion of power and the clash of civilisations," MacGregor said.

The series included China's first emperor, Qin, the Roman emperor Hadrian, the wall builder, and the 16th-century Iranian ruler Shah Abbas. While there were writings by, and many contemporary accounts of, the characters, curator Colin McEwan admitted that authentic personal details about Moctezuma are so scarce that one academic he consulted said he thought the exhibition would be impossible.

"We will raise many questions but we may not succeed in answering them all," Mc­Ewan said.

The exhibition, with a related show of 20th-century revolutionary posters and images opening in October, with both running into next year, will mark both the bicentenary of Mexico's declaration of independence from Spain in 1810, and of the Mexican Revolution 100 years later.


Ver el vídeo: Moctezuma: Aztec Ruler, an exhibition at the British Museum